31 may. 2009


Mi suerte no está en los dados.
Está en tus manos.

19 may. 2009




Soy.
Somos.

18 may. 2009

Ellos se conocieron por casualidad, que es como se suelen encontrar los grandes amores, casi siempre por casualidad.

En este caso ella lo invito a él para que se sentase, y él se sentó. Y claro, no había de qué hablar:
-¿Y qué lees?

Lo malo fue que él no había leído nada del escritor que ella estaba leyendo, y ya mal, empezamos mal, muy mal, por ahí no.

-Pues bonito día

No, pero enseguida empezaron a profundizar, porque ella dijo:

-Sí la verdad es que hace un bonito día.

Y aunque no lo hiciera.

Pero poco a poco él fue venciendo esa timidez que le caracteriza.

Una mañana él se levanta y al abrir los ojos se da cuenta de que está perdidamente enamorado de ella, y quedaron entonces en aquel café en el que se conocieron por casualidad.
Pero fue en aquel café donde ella le dijo:

-¿Sabes?, creo que me tengo que ir durante un tiempo.

-Yo te iba a decir casi lo contrario, que te quedaras conmigo para toda la vida.

Y ella dijo:

-No te preocupes porque yo estaré esperando. Además, cada quince días te mandaré una carta en la que te contaré todo lo que he hecho, todo lo que siento, todo lo mucho que te echo de menos, y todo lo poco que nos falta para vernos.

Él dijo que bueno, que vale:
-Pero que si no te vas casi mejor, ¿no?


Pero se fue.


Fue entonces cuando descubrió que aquello no tenía remedio y que estaba enamorado, que no había ningún elixir que hiciera que la olvidase, que no era cierto aquello de que un clavo saca otro clavo.

Que a veces es cierto que los amores a primera vista existen. Bueno, ¿es que acaso hay otros?

A los quince días llegó la carta de ella, toda llena de besos y de caricias, de te echo de menos. Él lloró.

Pasaron quince días, y otros quince, y otros quince, y otros quince, y las cartas se iban acumulando.
Y su vida consistía en esperar a que llegara el decimoquinto día, abrir el buzón y encontrar la carta de amor en la que ella prometía volver, esperar esa carta en la que ella le diría que volvía pronto.

Y un día ella, sin saber cómo ni por qué, dejó de escribir, y al quince día él se encontró el buzón vacío, y el alma partida en dos.

Ahora él resucitaba con la esperanza de revivir aquellos momentos, en los que, quizá, algún día, abriría la carta en la que ella diría "Pronto estaré allí"















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...Eva through the Looking-Glass.

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