Cerrando puertas. Cerrando círculos. Sellando labios. Sellando corazones. Cerrando ciudades. Cerrando personas. Cerrando vidas.
Y abriendo otras.
¿A que no sabes dónde he vuelto hoy?
La habitación está semioscura. Fría. Todo lo que puede estarlo una noche de agosto con las ventanas abiertas. Que te regala el tacto la noche de Sevilla. O la de Barcelona. Qué más da.
Qué más da si tú acabas de salir de ella y yo anido en las sábanas de algodón. Silencio. Silencio semioscuro como mi cama desde aquí dentro.
Palabras que se me caen de los labios porque te estoy esperando. Te estoy esperando.
Y me miras desde el marco de la puerta y lo atraviesas despacio, como si no tuvieras prisa. Como si no tuvieras prisa ladran los perros envidiosos a lo lejos y cierran las persianas los balcones y abres de par en par las sábanas.
Noche de piel y de aire de verano.
Palabras que se me caen de los labios porque te estoy esperando.
Te estoy esperando.