Mi suerte no está en los dados. Está en tus manos.
18 may 2009
Ellos se conocieron por casualidad, que es como se suelen encontrar los grandes amores, casi siempre por casualidad.
En este caso ella lo invito a él para que se sentase, y él se sentó. Y claro, no había de qué hablar: -¿Y qué lees?
Lo malo fue que él no había leído nada del escritor que ella estaba leyendo, y ya mal, empezamos mal, muy mal, por ahí no.
-Pues bonito día
No, pero enseguida empezaron a profundizar, porque ella dijo:
-Sí la verdad es que hace un bonito día.
Y aunque no lo hiciera.
Pero poco a poco él fue venciendo esa timidez que le caracteriza.
Una mañana él se levanta y al abrir los ojos se da cuenta de que está perdidamente enamorado de ella, y quedaron entonces en aquel café en el que se conocieron por casualidad. Pero fue en aquel café donde ella le dijo:
-¿Sabes?, creo que me tengo que ir durante un tiempo.
-Yo te iba a decir casi lo contrario, que te quedaras conmigo para toda la vida.
Y ella dijo:
-No te preocupes porque yo estaré esperando. Además, cada quince días te mandaré una carta en la que te contaré todo lo que he hecho, todo lo que siento, todo lo mucho que te echo de menos, y todo lo poco que nos falta para vernos.
Él dijo que bueno, que vale: -Pero que si no te vas casi mejor, ¿no?
Pero se fue.
Fue entonces cuando descubrió que aquello no tenía remedio y que estaba enamorado, que no había ningún elixir que hiciera que la olvidase, que no era cierto aquello de que un clavo saca otro clavo.
Que a veces es cierto que los amores a primera vista existen. Bueno, ¿es que acaso hay otros?
A los quince días llegó la carta de ella, toda llena de besos y de caricias, de te echo de menos. Él lloró.
Pasaron quince días, y otros quince, y otros quince, y otros quince, y las cartas se iban acumulando. Y su vida consistía en esperar a que llegara el decimoquinto día, abrir el buzón y encontrar la carta de amor en la que ella prometía volver, esperar esa carta en la que ella le diría que volvía pronto.
Y un día ella, sin saber cómo ni por qué, dejó de escribir, y al quince día él se encontró el buzón vacío, y el alma partida en dos.
Ahora él resucitaba con la esperanza de revivir aquellos momentos, en los que, quizá, algún día, abriría la carta en la que ella diría "Pronto estaré allí"
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13 abr 2009
Escribo palabras sin sentido, con las mismas vocales al final. Para escaparme contigo, para no echarte de menos más.
1 abr 2009
Te das cuenta de que no, que sin él no sigues. Que si vas tranquila por la vida es porque él está en todas partes, aunque no esté en ningún sitio. Que si pasa algo, que no pasa ná. Que luego te ayuda y te dice cómo lo haría él. Y si no, con unos cuantos te quieros te basta. Y que si él falla, se cae todo.
Te das cuenta de que estás al final de una pirámide de naipes a la pata coja, que la última carta es él y que si se tambalea, se va todo a la mierda. Una torre entera apoyada en una sola carta.
Que no, que sin él no sigo.
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31 mar 2009
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Te vendo un corazón destejiendo las hebras de un algodón que cae en quiebra, si te lo llevas. Te cambio una primera brisa y una nana por tu media sonrisa de las mañanas, si te quedas.
Grítame al oído, que no oigo más que alaridos encerrados en los latidos, de un valor asustado en el rincón de la nada. Que la madrugada no viene sola y fría, que no soy más que una sequía de tus labios, y estos no más que un agravio de un menos por más.
Pero no me untes de cristal los ojos, no me pintes un final, que yo solo conozco prefijos para empezar acertijos que nunca nadie pudo averiguar.
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29 mar 2009
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21 mar 2009
No puedo obligarte. Pero puedo llorarlas todas. Puedo hablarte de antes. Puedo abrirme en canal. Desgarrarme y enseñarte todo lo que soy capaz de almacenar.
Ojalá siempre me quede un rincón que arañar.
Ojalá no te estés yendo...
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14 mar 2009
Empiezo a tener miedo de nada.
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11 mar 2009
Hoy puedo hacer tu mundo con mis dedos si cierro los ojos. Podría adivinar tus cicatrices, cada rincón que hace tu piel en las curvas de media noche. Podría olerte e incluso podría conseguir que los pelos de tu nuca me hicieran cosquillas en la nariz mientras te aspiro. Esta noche puedo adoptar tu mano que no está entre mi pecho solo. Puedo buscar tus pies - aunque no estén- con los míos, que aunque te encuentren, esta noche permanecerán fríos. Puedo poner en pie tu mundo entero esta noche, si cierro los ojos para ver mejor.
15 feb 2009
La luz pálida de una de las lamparillas de la habitación baña solo un tercio de ella. Esa luz le dibuja los rasgos más intensos. Y si lo miras desde esa perspectiva, ves cómo el labio superior destaca sobre el inferior. Si se enfada o está triste, resalta aún más. Él se levanta de la cama y tú lo miras desde ella. Desnudo, concentrado en lo que hace. Y lo miras. Todo él. Su cuerpo salpicado de luz. De luz naranja. Interior y exterior. La lamparita de la habitación hace juego con la luz que regalan las nubes de las tres y cuarto de la madrugada de Londres. Ves cómo mueve las manos, cómo coge la taza y cómo pone los labios en ella y quieres que te bese en ese mismo momento. Vuelve a la cama, vuelves a notar su cuerpo desnudo y cómo te tapa con las sábanas asegurándose de que no queda ningún rincón de ti que pueda tener frío. Encajáis brazos, piernas y labios y buenas noches.
Se queda dormido rápido, como después de hacer el amor durante mucho tiempo.
Él está junto a ella, y eso es lo que importa. Sin duda, eso es lo que importa.
[Cómo lloran los violines cuando no estás]
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11 feb 2009
Hay un par de cosillas que, en este desnivel de mi vida emocional, afectan aún más a mi mente inestable. Una de ellas es ver a una de mis compañeras con su novio por la residencia. Otra de ellas es ver a otra de mis compañeras con su novio por la residencia. Y otra es oír cómo se llaman "cariño" entre sí. Esperar los resultados del ginecólogo (inglés), eso también me desequilibra. Intentar cocinarme habichuelas con huevo y que no me salgan como las de mi madre (con esto incluso me entran ganas de llorar). No saber dónde está la Medfield Surgery cuando una mujer ciega perdida me lo pregunta(esto me hizo llorar).
Soy el patetismo en persona. Soy el verbo (fastidiar) hecho carne.
Pongo la ruedecilla en el número ocho y me quedo bajo el agua caliente hasta que se me pone la piel roja. Entonces salgo de la ducha. Eso también me hace más inestable. Caber en la ducha. Salir sola de la ducha. Secarme yo sola. Llevar todas las cosas a la habitación, yo sola. Llegar a una habitación que solo huele a mis cosas. Tirar las cosas a un suelo demasiado ordenado. Tirarme a una cama pequeña demasiado grande.
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24 ene 2009
"Ven a dormir conmigo, no haremos el amor. Él nos hará."