27 dic. 2008

Llueve gris.
No podía pedir más.

Cojo mi abrigo y, con la correa hecha un ovillo en una mano, salgo detrás de los saltos de Joey. Hoy está loco porque llueve. Llueve gris.

Calle arriba, calle abajo. Lo huele todo. Huele el viento frío y el suelo mojado. Huele las gotas de lluvia y huele la libertad que traen.

Mientras, miro el cielo congestionado y lloroso y cierro los ojos. Y me llueve en la cara, y me da igual que se me arrugue el flequillo.

Damos nuestro paseo de siempre pero a veces se para a mirarme a lo lejos, extrañado de no ir atado junto a mí. Sigue corriendo, y oliendo.

Huele cómo me miran porque llevo una camisa de cuadros abierta en vez de una blusa ajustada; huele miedo cuando se acerca un coche y él no se aparta, huele cómo huelo la lluvia gris; huele que quiero correr tras él.

Y en otro mientras, escribo un montón de cosas. Las escribo en mi cabeza porque he vuelto a olvidar un lápiz y un papel. Escribo y escribo en mi cabeza muchas cosas que sé que solo saldrán para meterse en esa cajita de tesoros que es él, él. Mío.

Llueve gris, y llueve para mí.

25 dic. 2008

Oh, Night!


Yo siempre intenté no convertirme en una de esas personas anti-navideñas o anti-consumo o anti lo que sea pero que en esencia critican y odian la Navidad.
Nunca quise ser así.

Cuando era pequeña me daba igual. A mí me encantaba. Me encantaba abrir la mesa del salón y poner los cubiertos (aunque solo fueran tres personas más las que se incorporaban) de plata (no eran de plata, claro), y poner villancicos y seguir las órdenes de mi madre en la cocina. No me gustaba tanto tener que arreglarme y ponerme vestidos o faldas o cualquier cosa que conllevara medias o leotardos, porque eso pica y hace que los muslos suden.
Pero a mí me encantaba. Me gustaba tomarme la sopa como primer plato (que no era sopa, era consomé, una palabra que solo se utilizaba en Navidad para referirse a la sopa de toda la vida, vamos); la carne en adobo con patatas como segundo y luego picar de huevos rellenos, croquetas y queso (el marisco y el jamón y la carne mechada siempre me dieron asco). Y luego íbamos con mi abuela a la Misa del Gallo.

Yo siempre me quejaba.
Vivía a dos minutos de la iglesia, y la misa duraba solo media hora. Yo me quejaba porque hacía frío y sabía que si no fuera por esa misa, habría pasado la noche en pijama en casa a gusto y no rascándome la entrepierna por culpa de las medias. Pero en el fondo me gustaba que todos estuvieramos tan juntos por una vez.
Y sin embargo siempre me han dicho ser así, tan descastada.

De todas formas una Navidad creces y te das cuenta de que no todo es cubertería de plata (no era de plata, claro) ni villancicos alegres. Te das cuenta de que también está Josh Groban cantando Holy Night y de que te apetece escuchar eso más que la marimorena.
Y te das cuenta de que tu madre tardaba más de la cuenta en la cocina trayendo platos porque no aguanta las cosas con dobles sentidos que se dicen tus abuelos durante toda la cena. Y tú nunca te habías dado cuenta de ellas hasta esa Navidad.

Y te das cuenta de que tu padre intenta que todo sea más animado y que toca la guitarra pero que da igual, que a las once cada uno para su casa porque no tenemos nada más que decirnos. Y llega otra Navidad y intentas que todo sea diferente pero qué va.

Y encima te sientes mal, porque hay gente que lo pasa realmente peor que tú. Que tú lo único que pretendes es perfeccionar algo que está bien, que pides más. Y te das cuenta de que te has convertido en una anti-navideña o, en su mismo sentido, en alguien a quien la Navidad lleva haciéndola llorar tres años seguidos. Así, sin más. Sin que esté pasando nada ni haya pasado nada.

No me merezco lo que tengo. Porque siempre pido más.

Y a los años vuelves a ir a la Misa del Gallo pero con tu madre y tu abuelo y tus hermanos, porque tu padre pasa. Y te das cuenta de que necesitas salir de allí porque tienes un nudo en la garganta y no sabes por qué coño está ahí. Y miras a la izquierda y te ves a una mujer mayor que está sola en un banco y que cuando el cura dice "daos la paz" ni siquiera levanta la mirada del suelo.

Y eso no es lo que veías antes.

24 dic. 2008

- Feliz Navidad, cariño. Hasta mañana.

20:40
Mira, yo podré decir misa, puedo decir que para mí es otra noche más solo que con más comida y unos cuantos más a la mesa; pero en Noche Buena se me hace imposible calcular el menos de cuánto lo echo.

Puedo llegar a ser tan egoísta como para querer sacarlo de allí y meterlo aquí.
Conmigo, que eso es lo que me importa a mí.
Conmigo.
Todas las noches un poco, pero todo en Noche Buena.

20:30

23 dic. 2008

Eres más mío que tuyo.

19 dic. 2008

Gelatina de chocolate.


Haciendo una recopilación de la primera parte de mi Erasmus, he llegado a algunas conclusiones que a la mayoría de vosotros no os interesarán pero que a mí, oye, me apetece escribir.

Si mi inglés ha mejorado, yo no me estoy dando cuenta. Eso es
bueno y es malo. Mi alemán, por su parte, no es que haya empeorado, es que ha desaparecido.

Puedo hacer de comer comidas ricas, me gusta experimentar y luego comerme mis resultados, y me gusta cocinar acompañada.
Acompañada, esa es otra. Después de dos años, me doy cuenta de que el problema no estaba en mí. Y eso, no veas, pero me alivia bastante saber que estoy a gusto compartiendo frigoríficos, váteres, duchas, alegrías y penas. Que he llegado a ver a unas amigas como una especie de familia. Creo que la erasmus otra cosa no, pero con esto me ha ayudado un huevo y medio.

Por otra parte, no estoy haciendo fotos. El frío se carga mi cámara, creo.

Y me ha hecho más fuerte. Nos ha hecho más fuertes. Nos hemos presentado a esa parte desesperada de la persona que acaba con la mayoría de las relaciones cuando uno de ellos está de Erasmus, y lo hemos pasado mal. Lo hemos llegado a pasar bastante mal. Yo he tenido insomnio, él simplemente ha estado noches enteras sin dormir (que lo sé yo), hemos llorado y me he quedado mirando la pared durante horas pensando cómo sería si se fuera. Y me he desesperado y no, que sin él no puedo.
Y aquí seguimos, gracias a Dios, al Cosmos, a la Madre Naturaleza o a quien quiera que nos haga ser tan fuertes; en una de nuestras mejores etapas. Un año y medio y nuestro segundo año nuevo juntos.

Soy una compradora compulsiva con una visa llena de dinero erásmico, soy una enganchada del fotolog con debilidad hacia unos nuevos desconocidos que escriben que vaya tela y que escuchan música buena; soy una guiri en términos de papel de regalo, y soy, ante todo, alguien que se ha enamorado perdidamente de Londres pero que necesita perdidamente volver a casa, comerse a besos a la gente, comerse a bocados la comida rica de madre, perrear sola primero y acompañada (cosas pecosas por aquí) después en mi sofá agustito (hace tres meses y medio que no me siento en un sofá) viendo la tele mierda en español, jugar a las peleas con Joey y que me saque de paseo por las tardes como mínimo una hora.
Y vivir en casa, con mi padre siempre riéndose de todo menos cuando no puede escuchar las noticias; con mi madre la sensiblona que se pone aún más sensiblona en Navidad; con una hermana enamorada que la quiero a rabiar; con mi niño pequeñito que no me ha presentado aún a su nuevo amor (su DS) y un perro loco que es más bueno que grande.

11 dic. 2008


Y él no, no se da cuenta. No lo ve. No sabe que si me llama el lápiz a las tres de la mañana y salto a por él, es por él. Así, sin más.
No se da cuenta de que me vomito para él. De que exploto y me desbordo para él.
Él sigue adelante, siempre de frente, con su frente bien alta. No mira abajo y no se da cuenta de que allí estoy yo, pintando todas y cada una de las horas de mi relojo por él.
No ve que me tiro de dos precipicios y medio para llegar a él.
Él. No sabe nada.
Es un ingenuo.
Nada.
Ni siquiera que un punto de energía entre millones existe por él. Que fluyo, sé, y soy por sus razones.

Que respiro por sus ojos.
Él no sabe que... que me pinchan las puntas de los dedos si se mueve; no sabe que duerme y me lo bebo durante horas; no sabe que se me desgarrarían las cuerdas vocales por gritar su nombre al aire.

El ingenuo no se da cuenta de que no es un concepto, y pregunta. Sigue preguntando.
No sabe nada.
Ni siquiera que no sé definirlo ni a él ni a su concepto.
No sabe nada.
Ni siquiera sabe que respiro por sus ojos.
Nada.
Él cree que es un sí, cuando el acento es incluso más grande que yo misma.
No sabe que tiene el poder de hacerme desaparecer.
Ingenuo...
No se da cuenta.

6 dic. 2008

De par en par

Yo.
Un millón de cosas y ninguna. Yo soy vida, como mi propio nombre indica.
Soy aire, vivo más en él que en la Tierra, aunque julio se empeñe en lo contrario.
Celos punzantes y siempre latentes. Pero viva.

Soy ojos cerrados de par en par. Porque lo miro todo y no veo nada.

Azul, como el vértigo y la profundidad. Como un bostezo.
Soy lágrimas y soy lágrimas disimuladas.
Una tragicomedia.

Soy agua, envidiosa. La más fuerte de todas las frágiles.
De cristal de acero.

Soy amor. Absorbo vida.
Soy Él.
Y Él es yo.

Lo miro todo, y no veo nada.
Soy ojos cerrados de par en par.

3 dic. 2008


Vacía.

Demasiado hueco para tan poco aire.
Un cascarón de acero que protege un soplo de un aliento que no arrulla a mi cuello por las noches.
Olores más interiores que exteriores. Oler con el cerebro en vez de con la nariz.

Vacía.

Como la oscuridad blanca cuando cierras los ojos así de fuerte. Como el envoltorio del vaho de Londres por las mañanas.


Tacto ciego, busca una espalda dormida que se mueve acompasando vidas.

Y duele.

...Eva through the Looking-Glass.

...Eva through the Looking-Glass.